Origen e Historia de los Cursillos de Cristiandad

26.09.2014 20:39

ORIGEN DE LOS CURSILLOS DE CRISTIANDAD

 

A fin de evitar lamentables confusiones, es preciso denunciar desde el primer momento y con toda claridad el error de quienes pretenden atribuir a los Cursillos un origen improvisado o fortuito. Es falso afirmar, como por desgracia sabemos que se ha hecho, que los Cursillos no son sino la feliz repetición de un primer Cursillo que, improvisado al azar y sorprendidos por sus resultados, hiciera pensar en la reiteración de lo que había sido una casual y afortunada experiencia; es falso por la sencilla razón de que, al iniciarse los Cursillos, se sabía muy bien lo que se pretendía, se tenía experiencia de los medios con que se contaba y se conocía el porqué de tal intento.

            Es además absurdo, puesto que los Cursillos, como todo hecho humano, no se presentaron de improviso, sino precedidos de un largo periodo de gestación, cuya existencia no puede ignorarse, ya que en encontramos las causas y encontramos, prefiguradas al menos, las ideas fundamentales que, desarrolladas luego, constituyen las esencias más características de los Cursillos de Cristiandad. La transcendencia de este conocimiento nos impone el análisis de los antecedentes – hechos e ideas – a los que deben su origen los Cursillos de Cristiandad.

 

A.- ANTECEDENTES HISTORICOS.

 

            Retrocediendo algunos años, si analizamos la actuación de la juventud de Acción Católica de Mallorca – los Cursillos nacieron en el seno del Consejo Diocesano de los Jóvenes – nos encontramos con un largo periodo (1941- 1948) en el que todas las actividades apostólicas se centraron casi exclusivamente en la preparación – espiritual sobre todo – de la Peregrinación a Santiago. Es entonces cuando se dibuja y perfila el ideal y el estilo peregrinante, plasmación de la concepción apostólica de la juventud, y del que se impregnan primeramente los dirigentes mediante los “Cursillos de Adelantados de Peregrinos” que, en numero de seis, y dirigidos por propagandista del Consejo Superior, se celebran durante estos años en nuestra Diócesis. Los resultados de estos Cursillos, por lo que a nuestro interés se refiere, fueron, entre otros, la movilización apostólica de los dirigentes de entonces, la capacitación e incorporación de nuevos dirigentes (cuya influencia iba a ser decisiva en la realización de los Cursillos de Cristiandad), y la siembra en todos ellos de inquietudes apostólicas que iban más allá del objeto concreto de la peregrinación a Santiago.

            Estas inquietudes y energías nuevas desembocan pronto en los llamados “Cursillos de Jefes de Peregrinos”, llevados a cabo por dirigentes del Consejo Diocesano según las líneas fundamentales de las anteriores. Desde 1942 a 1948 se celebraron cinco Cursillos y en ellos pudo observarse – según ya se pretendía – que el contenido luminoso del cristianismo era captado en toda su amplitud e intensidad por quienes vivían al margen, no solo de la Acción Católica, sino también de la religión, las cuales se inflamaban y llenaban de cristo en pocos días. Con todo esto no cabía duda de que Dios ponía ente la consideración de los dirigentes de la Juventud de la Acción Católica Mallorquina una fuente inagotable de apostolado.

            La escuela de dirigentes de entonces – laboratorio de investigación y al mismo tiempo campo de experiencias apostólicas – tomó sobre sí la tarea de estudiar este hecho en toda su extensión y de llevarlo hasta sus ultimas consecuencias. En definitiva, no se trataba sino de hacer llegar a quienes vivían lejos de la Acción Católica la encarnación viva del cristianismo auténtico, o, dicho en otras palabras, realizar prácticamente el pensamiento pontificio acerca de la autentica Acción Católica: construir “ una cristiandad ejemplo y guía para el mundo profundamente enfermo”[1].

            Los hechos anteriormente señalados, y cuyo detallado estudio sería excesivamente largo, nos llevan a formular la siguiente conclusión: De los Cursillos de Jefes de Peregrinos, fundados sobre los de Adelantados, surgió la idea de algo nuevo que, incubado largo tiempo, estudiado con detención y experimentando en los Aperitivos de Cursillos (su nombre indica el tamaño), germinó por fin en lo que son ahora los Cursillos de Cristiandad.

            La Peregrinación a Santiago, en la que participaron 700 jóvenes de la Diócesis, constituyó el ambiente propicio y hasta la exigencia del nacimiento de los Cursillos de Cristiandad ( enero de 1949). Así pudo decir nuestro Obispo, refiriéndose al origen de los Cursillos: “al oír lo que de vuestros Cursillos he oído, diría que en la grandiosa Peregrinación a santiago robasteis la espada  al apóstol para producir un desgarrón en el manto del cielo por donde descienden atorrentes la Gracia divina sobre la juventud”[2].

            Esta intima conexión entre el origen de los Cursillos de que Cristiandad y las jornadas llenas de emoción vividas de cara a Santiago era ya señalada en Signo, al cumplirse el primer aniversario de la Peregrinación, contra algunas voces derrotistas; “Mallorca, que sintió hundirse profundamente en la carne viva de sus setecientos Peregrinos la semilla compostelana, alza ahora su bandera contra toda campaña derrotista... ¡ El espíritu de Santiago no ha Fracasado!. Bastaba que una llama prendiera en algunos de los rincones de la Patria para que el Espíritu de la Peregrinación se hubiera salvado. Y hoy podemos asegurar que, al menos, el fuego de Santiago prendió en Mallorca”[3].

            Señalados los antecedentes históricos de los Cursillos de Cristiandad, debemos aclarar, sin embargo, que estos Cursillos son específicamente distintos de los Cursillos de Adelantados o de Jefes Peregrinos. La afirmación de que “después de la peregrinación creyóse necesario proseguir la labor formativa de los Cursillos, pero siendo excesivamente caro el traslado de los jóvenes a la Península, decidióse organizar Cursillos en la Isla...   Así nacieron, poco a poco, los de Cristiandad”[4] es una afirmación inexacta, ya que los Cursillos no son la continuación o adaptación de aquellos antiguos Cursillos, sino algo nuevo y distinto de lo anterior, el resultado “de un trabajo incansable y productivo, ¡ milagrosamente productivo!, en la creación de un nuevo tipo de Cursillo”[5], como hace años afirmábamos ya.

 

 

 

B.- ANTECEDENTES  IDIOLOGICOS

            La visión completa de los orígenes de los Cursillos de Cristiandad exige, además del estudio de los antecedentes históricos, un análisis detenido de sus antecedentes ideológicos, origen y desarrollo de las ideas que prescindieron el periodo de gestación de los Cursillos y que, manteniéndose idénticas a sí mismas a través de todos ellos, constituyen las líneas fundamentales de sus características que viene a ser como la clave y explicación de todo lo hecho.

            Tengamos, sin embargo, presente que, como la estructuración de los Cursillos forma un todo orgánico y vital, un análisis de esta índole encierra siempre el peligro de convertirse en una disección fragmentaria, a todas las luces insuficiente para formarse una idea cabal y exacta de la esencia viva de los Cursillos. Valga esta advertencia previa a fin de precaver confucionismo siempre peligrosos y evitar infundadas y funestas incomprensiones.

 

Origen de esta ideología

 

            Los cursillos de Cristiandad – lo dijimos ya – no son hijos de la improvisación ni del acaso, ni su ideología debe atribuirse a una iluminación o revelación o considerarse como un invento, sino que ese efecto de un largo proceso de maduración y fruto de una búsqueda tenaz, apasionada y constante. Podríamos decir que, en síntesis, no es sino el desarrollo de aquella inicial inquietud apostólica despertada en Mallorca por loa Cursillos de Adelantados de Peregrinos, la cual, partiendo de un núcleo central del pensamiento católico y encaminada siempre hacia la mayor eficacia, cristalizo, por la gracia de Dios, en una visión ecuménica de todo el problema apostólico. Este fue el origen de un pensar del que surgieron todas las ulteriores realizaciones.

 

Características de este Pensar

 

            Seria difícil analizar hasta los más mínimos detalles las características que desde los primeros momentos definieron esta ideología; al principio no fue sino una aspiración menos concreta que, perfilándose cada día mas gracias a la acción de la Gracia sobre quienes aprestaban su entrega total, desemboco al fin en la realización practica de los Cursillos. Pero dentro de esta larga trayectoria se puede deslindar claramente lo que podríamos llamar las líneas fundamentales del nervio ideológico de los Cursillos de Cristiandad, y que es ahora nuestro objetivo señalar con precisión. Tales son:

a)      Un concepto triunfal del cristianismo, que es el único exacto y verdadero, como solución integral de todos los problemas humanos, en contraposición con la concepción aburguesada, estática, conformista e inoperante, que de cristiana no tiene sino el nombre de usurpa.

b)      Una visión dinámica del catolicismo militante, extendiendo el apostolado no como una superabundancia, sino como una exigencia de vida que, lejos de realizarse en una organización burocrática, constituye la vanguardia decidida del Reino de Dios, el fermento vivo y operante de la iglesia.

c)      Un principio de insatisfacción sincero, recto e ilusionado, único punto de partida posible para toda acción eficaz inagotable de múltiples y siempre mejores realizaciones.

d)     Un conocimiento profundo y exacto de los hombres de hoy, de sus problemas y de su angustia; pero un conocimiento experimental, vivo, sacado no de fórmulas estadísticas o tomado de “manuales sencillos y prácticos”, sino aprendido en la vida misma, nacido de la convivencia íntima con la masa que el fermento evangélico debe vivificar.

e)      Un convencimiento profundo de la influencia o inadaptación de ciertos métodos para conseguir el objetivo esencial de toda acción apostólica, convencimiento que, lejos de esterilizarse en lamentaciones  o resignarse a la fatalidad de los acontecimientos, impulsaba con creciente interés a la vitalización de todo lo aprovechable y a la búsqueda de nuevos y fecundos horizontes.

f)       Una firme convicción de que era realmente posible que cuantos vivían al margen de lo religioso sintieran la fuerte sacudida de la gracia y que, por más alejados que estuvieran de Cristo, eran capaces de entregarse totalmente a Él, siempre que se les presentaran las cosas de Cristo y de su iglesia tales como son en sí, prescindiendo, si era necesario, de cualesquiera preferencias o criterios personales por mas arreglados que estuvieran, y que, en último término, no eran sino aspectos accidentales.

g)      La firme esperanza de que, al llevarse a cabo esta experiencia, sucedería lo mismo que en tiempo de Cristo: las samaritanas y los saqueos se convertían en los más dinámicos apóstoles del Señor.

h)       Un esfuerzo tenso por encontrar una técnica de realización concreta que, calcada en los procedimientos apostólicos, tuviera en cuenta los problemas personales y las exigencias concreta de cada individuo para solucionarlas de raíz, con una solución que partiera de Cristo y de su gracia aceptados como fuerza y peso que influenciaran toda su vida.

i)        La convicción de que la solución era simple, y, por simple, universal; por ello debía vivirse en el Cursillo la catolicidad efectiva de la fe al toparse en una misma solución y en un mismo ambiente, aunque lanzadas a distintos horizontes, las diferentes clases y diversas culturas.

 

Fuentes

 

            Estas fuentes fueron las características de un criterio apostólico definido mucho antes de comenzar los Cursillos, y que arranca de las fuentes mismas del único y autentico criterio cristiano. Se trataba de realizar aquellas certeras palabras del Presidente de la Junta Técnica Nacional: “La Juventud de Acción Católica debe salvar las energías de la juventud española que, acaso, padece en este momento el aburrimiento peligroso de la inactividad, despertándola con el grito de cruzada del Romano Pontífice para la construcción de un orden nuevo, hecho con lozanía y vigor de cristianismo primitivo, modelado y trazado por el Magisterio Pontificio, según las líneas puras del Evangelio”1.

            Y fue en realidad el Evangelio – entendido como la solución definitiva aportada por Cristo para los problemas de todos los tiempos – la primera y decisiva fuente de oración y de estudio; pero el Evangelio tomado plenamente, sin mutilaciones ni adaptaciones arbitrarias. Y junto a él, como expresión la más elocuente de su eficacia, el libro de los Hechos de los Apóstoles, primer  libro de acta del cristianismo.

            Como el cauce por el que debería discurrir esta inquietud no podía ser otro que el de la Acción Católica, se imponía el estudio profundo del pensamiento pontificio acerca de la Acción Católica, tan diversamente interpretado. Este estudio hizo ver claramente que lo que el Vicario de Cristo se proponía al instituir la Acción Católica no era fundar una asociación más, sino construir solidamente una cristiandad viva y eficiente y que, al definirla “no sin divina inspiración como la participación de los seglares en el apostolado jerarquico”2, proponía algo realmente genial. Se trataba no de una revolución, pero sí de una autentica evolución en la táctica y en los efectivos apostólicos; en adelante, junto a la misión apostólica de la jerarquía, estaría firmemente ligada la misión de los seglares en “un ministerio que no dista mucho del sacerdotal”3, y que exigía para ellos un estilo propio y definido, sacado de la misma doctrina de la Iglesia y alimentado por la misma fuente sacramental de la gracia.

            Este pensar encontró además su firme apoyo y segura dirección en la luminosidad del más genuino pensamiento católico actual4. Algo publico ya “Proa”5 sobre este asunto. Ante la imposibilidad de reproducirlo íntegramente o de transcribir las páginas de quines tuvieron su parte mas o menos influyente en este aspecto, citaremos solamente los siguientes párrafos de uno de ellos:

            “Despertar ( habla del fin de la A.C.) la conciencia viva del Catolicismo integral, realizarlo totalmente en la vida, y hacer de la religión no ya una relación para niños, sino una religión adulta, una religión para personas mayores, lo que exige no solamente el conocimiento de la doctrina, sino del terreno y del sujeto, más exactamente todavía la asimilación vital de esta doctrina por los miembros mismos del ambiente, teniendo en cuenta las condiciones concretas en las que han de vivir, sus peligros, sus reacciones favorables, condiciones que solo ellos, viviendo en ese ambiente, pueden conocer y hacer conocer.”

            “ De aquí se sigue la necesidad de emplear el mismo método concreto, viviente, psicológico que abandone las conferencias y los discursos, y los razonamientos en serie, y parta de los hechos, de los hechos de “su” vida, religiosa, familiar, social, mundana, profesional (las lecturas y las conversaciones, las tardes de reunión y los espectáculos, el cine y el teatro, las revistas, los diarios, el trabajo y las vacaciones). La lista es indefinida como la vida misma”.

            “Se trata de desmontar así, pieza por pieza la vida entera para reconstruirla íntegramente a la luz del Cristianismo. Toda la doctrina y toda la moral irán reapareciendo y edificándose en contacto con la realidad, no ya ensambladas artificialmente, sino traídas, como respuesta a una cuestión, a un anhelo, a una necesidad, al llamado profundo de toda la naturaleza humana que exige injertarlas en toda la estructura de la existencia vivida.”

            “A quien quisiere hacer la experiencia de ello, se le puede prometer el mas apasionante viaje y los mas interesantes descubrimientos, en esos libros vivientes que son los hombres, cuyas paginas se aprende a leer, no hablando (cosa que todos sabemos hacer), sino escuchando, lo que es infinitamente más raro y más difícil.”

            “¿ Qué se descubriría? Lagunas insospechadas, al menos allí donde menos se las esperaba o más graves de lo que se pensaba. Pero también recursos (igualmente insospechados y que por lo menos no son apreciables en todo su valor); las cualidades de la raza y ese viejo fondo cristiano de un país que tiene, a pesar de todo, quince siglos de cristianismo en la sangre; y por encima de toda una rectitud, una lealtad profunda, una franqueza y una simplicidad para abordar los temas más serios, los más íntimos y confesar sus deficiencias.”

            “ ¿Qué más se descubriría? La alegre sorpresa de una necesidad indomable de un hambre profunda de lo espiritual, aunque entre aquellos de quienes menos se esperaría entre los mundanos y los dichos incrédulos, que no logran disimular, ni ahogar con el ruido de las distracciones, el sufrimiento de una posible fuga de sí mismos, y la angustia de una secreta insatisfacción.”

            “Lo que se descubriría en ese análisis sería la necesidad de revalorizar una doctrina estancada, de hacer pasar de la subconciencia a la conciencia un catolicismo tradicional, una religión que, en todo instante, tiene necesidad de ser revelada a los hombres. Y se llegaría a la conclusión de que la clase burguesa, en definitiva se asemeja mucho a todas las otras: Tiene, como todas las otras, sus defectos y  sus cualidades.”6

              Asimilada esta doctrina y experimentada en sus diversos resultados, faltaba sólo el troquel con el que modelar a cuanto fuera posible, inyectándoles el vigor y la fuerza renovadora del ideal pleno del cristianismo: y este troquel fueron los Cursillos. Pero mucho antes de comenzarse los cursillos estas ideas habían hecho ya una doble y esencial aportación: habían definido e impregnado la mentalidad de los dirigentes, y ofrecían el cuerpo de doctrina que formaría el contenido de los rollos fundamentales del Cursillo, estructurados también antes de celebrarse el primero.

 

No existieron otras influencias

 

            Para completar esta visión falta solamente decir algo sobre las posibles influencias de otras obras apostólicas. Hemos de decir primeramente que tales influencias no existieron y que, si alguna coincidencia existe respecto de otras obras, tiene suficiente explicación en la identidad de la fuente doctrinal de donde emanan y en la identidad del fin a que se dirigen, sin que sea necesario recurrir a una mutua influencia. Digamos, no obstante, dos palabras acerca de cada una de las obras en las que se ha querido ver como una fuente de inspiración. Se ha hablado en primer lugar de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio; hemos de decir claramente que los Cursillos no son una adaptación de los Ejercicios Espirituales, respecto de los cuales existen notorias diferencias: “Existen diferencias respecto a los ejercicios, por las verdades manejadas, por el enfoque de las mismas y por los objetos que se persiguen. En los Ejercicios se manejan varias verdades, encaminadas a ordenar la vida según ellas; en los Cursillos, una sola: vivir la gracia con plena y refleja coincidencia; Pero, además, vivirla compartida y proyectada. En los Ejercicios, el mismo enfoque de su silencio ambiental lleva a buscar y resolver el problema personal; la convivencia y régimen de los Cursillos busca un clima de equipo. Respecto a los objetivos quedan señalados al hablar de las verdades. La finalidad del Cursillo y de los grupos en que deriva no es convivir unas horas en una misión, sino compartir realmente la vida entera con los demás; las ilusiones y los esfuerzos, las mismas luchas, ya que juntos combaten las de unos y las de otros. En cuanto a otros cursillos su resultado establece la posible diferencia”7.

            También se han querido ver posibles influencias por parte de la J.O.C. de Bélgica. Respecto a este punto, valga la observación hecha en cuanto a las obras de parecida o idéntica inspiración y finalidad. Digamos también que de la J.O.C. no se tuvo otro conocimiento que el de su existencia, así como de algunas de sus manifestaciones o publicaciones, y aún muy pocas sin contacto alguno con su espíritu y vitalidad, elemento que seria necesario para que pudiera hablarse de una tal influencia.

            Por lo que se refiere a otros cursillos, los de Adelantados de Peregrinos, ya quedo indicado en el numero anterior la influencia que pudieron tener, y como los Cursillos de Cristiandad “no son la continuación o adaptación de aquellos antiguos Cursillos, sino... un nuevo tipo de Cursillo”8. En cuanto a los llamados Cursillos de formación, su eficacia y sus resultados fueron siempre tan escasos – la experiencia lo demuestra – que su influencia en los Cursillos de Cristiandad fue realmente nula.

            También se han comparado los Cursillos de Cristiandad con el Instituto Secular “Opus Dei”. Creemos que las diferencias entre ambos son tantas, que los parecidos que pueda haber son únicamente aparentes, ya que su finalidad, sus medios, su estilo, y su técnica son completamente distintos.

            Con lo dicho quedan descritas las líneas generales (antecedentes históricos y antecedentes ideológicos) del origen de los Cursillos de Cristiandad. Queremos hacer resaltar, sin embargo, la decisiva importancia que tuvo y que tiende la mentalidad que precedió su preparación, pues a ella hay que recurrir para entender algo de la esencia de los Cursillos, y con ella hay que contar para conseguir lo que, con la Gracia del Señor, con éstos se ha logrado.  



[1] Pío XI, Cart. Ecicl. Sobre la situación de la Iglesia Católica en el Reich Germánico “Mit Bremmender Sorge”.

[2] Discurso de Clausura de la XI Asamblea Diocesana, “Proa” Diciembre de 1949, núm. 133

[3] “Signo”, 3 de Septiembre de 1949, numero 503.

[4] “Eccclesia” 25 de Septiembre de 1954, Pág. 347.

[5] “Signo” (Ibid).

1 “Boletín de Dirigentes”, núm. 16. Enero de 1947, Pág. 9

2 Pío XI, Carta al Episcopado de Colombia, 14 de febrero de 1934.

3 Pío XI, Carta al Cardenal Segura, “Laetus sane”.

4 No como curiosidad bibliográfica, ni menos como nota de erudición, sino por la trascendencia que tuvieron para nosotros así como por la que puedan tener para quienes desean una visión más amplia de todo lo dicho, queremos citar las siguientes obras, todas ella de positivo valor apostólico fruto del criterio que les informa: Romano Guardini, “La Esencia del Cristianismo” (año 1945); Karl Adams, “Cristo, Nuestro Hermano” (1939); Alceo Amoroso Lima, “Tristan Athayde”; “Los Mitos de Nuestro Tiempo”(1944); Pedro Bayard, “La Acción Católica especializada”(1944); Cardenal Manuel G. Ceregeira, “La Iglesia y el Pensamiento Contemporáneo”(1945); Manuel García Morente, “Ideas para una Filosofía de la Historia de España”(1943). Con toda intención hemos indicado la fecha a que pertenecen los ejemplares de que nos hemos servido, para hacer notar como todos ellos son anteriores a la fecha inicial de los Cursillos, y que mucho ante que ésta llegaron a nuestras manos, todo lo cual confirme nuestro aserto de que la teoría de los Cursillos no fue una improvisación. Lo que sí es realmente lamentable que estos libros, auténticos valores del pensamiento católico moderno, permanezcan ignorados por quienes andan leyendo o, lo que es peor, escribiendo libros cuyo único valor esta en repetir y desfigurar lo que otros han dicho y cuyas soluciones son, en el mejor de los casos, inoperantes e ineficaces.

5 “Estamos en línea”, “Proa”, Marzo de 1953, núm. 172

6 “La Acción Catolica especializada”, por Pedro Bayard, Págs. 76 y siguientes

7 “Signo”, de 22 de mayo de 1954, núm. 749,Pág. 7.

8 “El como y el porque”, “Proa”, marzo de 1953, núm. 166.