No se perdera ni un solo cabello de su cabeza

09.11.2010 22:59

 

 

balanzaDomingo XXXIII del tiempo ordinario
14 de noviembre de 2010
"No se perderá ni un solo cabello de su cabeza".
 
Jesús nos dice hoy lo que no queremos escuchar. ¿A quién le agrada la idea   de que aquello en lo que confía y tiene por absoluto -llámense riquezas, llámense criterios...- pesará lo que una pluma, cuando tengamos que poner ante la balanza lo que verdaderamente vale ante Dios? ¡Qué decepción tan grande el descubrir que nos hemos fatigado en cultivar una semilla destinada a no dar fruto! Porque el que no siembra para la vida eterna, al término de esta existencia fugaz se encontrará con las manos vacías ante Dios.
 


 

Los que tenían enfrente el majestuoso Templo de Jerusalén, admiraban embelesados lo que en apariencia era una construcción sólida e inexpugnable. Sin embargo, tal como Jesús lo predijo, cuando las tropas romanas asediaron la ciudad en el año 70, de aquella majestuosa edificación no quedó sino un muro, en donde los judíos se siguen lamentando hasta el día de hoy.
 


 

La pregunta sería: si nos fuera arrebatado aquello en lo que hemos puesto nuestra confianza -bienes, afectos, salud, prestigio-, ¿que sucedería?, ¿con que nos quedaríamos, qué nos mantendría en pie? A los Apóstoles, ni la persecución, ni todas aquellas penalidades incluso la muerte -predichas por el Maestro- lograron quebrantarlos. Porque su roca firme era la fe en el Señor Jesús. Pero otra posibilidad es que, como los judíos, lo único que nos quedara sea un muro dónde lamentarnos, para llorar aquello en que confiábamos y se ha desmoronado. Por ello, es importante que nos preguntemos en que confiábamos: en algo pasajero y superfluo, o hemos puesto nuestras esperanzas en lo que no pasará nunca: El amor en Jesucristo, la roca firme, El que es siempre fiel, y  premiará al que le sea fiel hasta el final. Revisemos, hermanos, si nuestra vida la hemos cimentado sobre lo verdadero y perdurable. De modo que podamos decir, con el salmo 31: «En Ti, Señor, confío, y no quedaré defraudado»