La Palabra del domingo

01.10.2011 18:03
La Palabra del Domingo
 

Domingo XXVII del Tiempo Ordinario.Por sus frutos

 

«El Reino de Dios será entregado a un pueblo que produzca sus frutos»

 

 

 

Hoy y cada día es bueno para tomar conciencia y recordar todo lo que Dios ha hecho por su viña, todo lo que Dios ha hecho por mí, que formo parte de esa viña: Dios ha creado el universo entero y este mundo hermoso, ha creado al ser humano "a su imagen y semejanza" invitándolo a realizarse plenamente en el fiel cumplimiento de su Plan y a vivir la comunión de amor con Él por toda la eternidad. Pero, ante tal don e invitación, ¿cuál fue la respuesta de su criatura? El rechazo, la negación a corresponder al amor de Dios, la negativa a cumplir su Plan lleno de sabiduría y amor, el deseo de echar a Dios fuera de la "viña", fuera de la propia vida y de la convivencia social para afirmarse en sí misma y "ser como dios" sin Dios (ver Gén 3,5). De ese modo la viña amada dio agraces, introduciendo en el mundo creado la amargura de la muerte, del dolor y del sufrimiento.

 

La pregunta ya no es, pues, cuánto hace Dios por mí, sino cómo correspondo yo a tanto don, a tanto amor, a tanta entrega. ¿Produzco yo los frutos de santidad, de caridad y de apostolado que Dios espera de mí? (ver Jn 15,8) ¿Se los entrego a Dios? ¿O produzco agraces, obras de pecado que amargan mi vida y la de los demás?

Dice el Señor: «La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos» (Jn 15,8). Dice asimismo: «El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto» (Jn 15,5). Sólo nuestra permanencia en Cristo nos garantiza la fecundidad de las buenas obras, esos frutos "dulcificados" y madurados por la caridad. ¿Cómo permanezco unido a Él? Meditando sus enseñanzas para procurar ponerlas por obra (ver 1Jn 3,6.24), rezando todos los días (ver Lc 18,1), acudiendo inmediatamente al Sacramento de la Reconciliación si me he apartado de Él. Pero además hay otro medio fundamental: «El que come mi Carne y bebe mi Sangre, permanece en mí, y yo en él» (Jn6,56). ¡La Eucaristía! Claro que comulgar el Cuerpo y la Sangre de Cristo exige tener un corazón bien dispuesto (ver1Cor 11,27) y por otro lado, exige la firme decisión de amar y actuar como Él: «Quien dice que permanece en Él, debe vivir como vivió Él» (1Jn 2,6). Así, pues, nutridos de Cristo, obremos en las diversas circunstancias de la vida como Cristo mismo actuaría en nuestro lugar. ¡Entonces estaremos produciendo buen fruto!

A esa queja Dios responde: «¿Qué más se puede hacer ya a mi viña, que no se lo haya hecho yo?» (Is 5,4). ¿Es que de verdad Dios hace poco o nada por nosotros? ¿O es que estamos tan ciegos que no nos damos cuenta de todo lo que Dios ha hecho y hace por nosotros?